1. Hormigonar sobre una base sin compactar
Es el error más caro de todos, porque no tiene arreglo superficial. Si la zahorra no se compacta por tongadas y con humedad de trabajo, el terreno se asienta de forma desigual bajo la losa y aparecen fisuras en diagonal, casi siempre partiendo de las esquinas.
Señal: fisuras que no coinciden con ninguna junta y que se abren más en un extremo que en el otro, normalmente durante el primer año.
2. Mallazo apoyado en el suelo
El mallazo solo trabaja si queda en el tercio medio-inferior del espesor. Tirado sobre la base y hormigonado encima, no cose nada: es hierro enterrado que además puede oxidarse y reventar el canto.
Señal: se ve en obra, no después. Si el mallazo no está levantado con separadores antes del vertido, está mal puesto.
3. Añadir agua al camión
Un hormigón más fluido se extiende con menos esfuerzo, y por eso la tentación de pedir agua al camión es constante. El problema es que cada litro de más reduce la resistencia final y aumenta la retracción, es decir, la fisuración. Lo correcto es corregir la trabajabilidad con aditivo fluidificante, no con manguera.
Señal: superficie con polvo suelto al barrer semanas después, fisuras finas en malla y un tono más claro del previsto.
4. Juntas de retracción tarde o mal trazadas
El hormigón se retrae al curar y va a fisurar sí o sí: la junta decide por dónde. Se cortan entre 12 y 24 horas después del vertido, a un tercio del espesor, formando paños lo más cuadrados posible y sin superar los 25 m² por paño.
Señal: fisuras que arrancan de una esquina entrante —un pilar, el bordillo de un garaje— sin junta que las controle.
5. Estampar fuera de ventana
La ventana de impresión es el intervalo en el que el hormigón aguanta al operario pero todavía admite el relieve del molde. Demasiado pronto, los moldes se hunden y deforman el dibujo; demasiado tarde, el relieve sale plano y el pavimento parece pintado.
Señal: zonas con textura profunda junto a zonas casi lisas en la misma superficie, normalmente por el borde donde se empezó o se terminó.
6. Lavar el desmoldeante a presión
El desmoldeante se retira con agua y un cepillado suave, a presión moderada. Con una hidrolimpiadora a máxima potencia y boquilla estrecha se arranca también la lechada superficial, que es justo la capa que lleva el color.
Señal: manchas claras con forma de barrido y áridos asomando en puntos aislados.
7. Sellar demasiado pronto o con exceso
Sellar con el hormigón todavía húmedo atrapa la humedad y deja un velo blanquecino bajo la resina.
Pasarse de producto genera el problema contrario: una película gruesa que se cuartea, amarillea con el sol y se vuelve resbaladiza en mojado, justo lo contrario de lo que se busca en un hormigón impreso antideslizante. Dos manos finas cruzadas funcionan mejor que una gruesa.
Señal: zonas lechosas, brillo irregular o superficie pegajosa semanas después.
8. Espesor insuficiente para el uso
Diez centímetros bastan para un paso peatonal o un jardín, pero no para la entrada de un coche y mucho menos para el acceso de un camión. Ahorrar dos centímetros de losa y un tamaño de mallazo es la forma más rápida de tener grietas donde apoyan las ruedas.
Señal: fisura longitudinal en la línea de rodadura, a los pocos meses de uso.
Cómo detectarlo antes de firmar
Casi todos estos fallos se pueden vigilar durante la obra con cuatro preguntas sencillas, mejor por escrito en el presupuesto que de palabra al final:
- ¿Qué espesor de losa y qué mallazo lleva, y con qué separadores se levanta?
- ¿Cuándo se cortan las juntas y qué superficie tendrá cada paño?
- ¿Qué resistencia tiene el hormigón pedido y quién controla que no se le añada agua en obra?
- ¿Cuántos días se esperan antes de sellar y con qué producto?
Si el pavimento ya está instalado y presenta alguno de estos síntomas, muchas veces la solución no pasa por levantarlo: lo vemos en reparación de hormigón impreso.
Preguntas frecuentes
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Entre 10 y 12 cm para uso peatonal y jardines, y de 15 a 20 cm con mallazo reforzado cuando pasan vehículos. Para accesos de camión o maquinaria se calcula la losa según la carga real, no por costumbre.
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Las microfisuras de retracción muy finas son habituales y no comprometen nada. Lo que no es normal es una fisura abierta que cruza el pavimento sin seguir una junta: eso apunta a la base, al espesor o a un corte de juntas fuera de plazo.
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Sí. Se decapa la resina antigua, se deja secar la superficie y se vuelve a sellar en dos manos finas. Es un trabajo de mantenimiento, no de sustitución, siempre que el hormigón de debajo esté sano.
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Durante la obra, porque se compacta por tongadas con bandeja o rodillo y se ve. Terminada la obra solo queda el síntoma: asientos y fisuras en diagonal que aparecen en los primeros meses, sobre todo en zonas de relleno reciente.
